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RESUELVEN EL MISTERIO DEL PIGMENTO AZUL PALIDO DEL ANTIGUO EGIPTO |
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Arqueología
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Lunes, 14 de Junio de 2010 10:17 |
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La mayor parte de la cerámica egipcia no está decorada, pero durante el período entre el 1550 y el 1079 a.C., cuando el Antiguo Egipto estaba en su máximo esplendor, una variedad de cerámica fue decorada elegantemente con un azul pálido característico.

La cerámica ha sido encontrada en muchos lugares de Egipto y también en Oriente Medio y en Sudán.
Dado el restringido uso que se le dio al pigmento, y teniendo en cuenta los yacimientos arqueológicos en que fueron hallados los restos, se cree que probablemente sólo estaba disponible para los artesanos vinculados a residencias reales importantes.
El azul pálido es distinguible a primera vista de otros tonos azules o azulados empleados en la cerámica vidriada y decorada común desde el año 3.000 a.C. en adelante.
Pero es difícil crear patrones duraderos con pigmento de cobre sobre la cerámica. Por eso, en lugar de cobre, el colorante utilizado en la mayor parte de la cerámica pintada con ese tono azul tan especial es el cobalto.
¿De dónde provino el mineral que contenía cobalto? El análisis de la pintura mostró que el cobalto estaba acompañado de vestigios de zinc, níquel y manganeso, una mezcla de elementos lo bastante distintiva como para servir de "huella dactilar" química.
A principios de la década de 1980, se propuso la hipótesis de que el cobalto pudo haber provenido del oasis de Dakhleh.
En el pasado, en el extremo occidental del oasis de Dakhleh, fueron excavados en la roca cuatro pozos de mina. Escalones tallados en el interior de los pozos de mina permitían un descenso seguro a los trabajadores. Los pozos brindaban el acceso a galerías horizontales, algunas con una longitud de 15 metros, que seguían el curso de venas horizontales del mineral de alumbre.
El alumbre probablemente era explotado en la antigüedad para varios usos, algunos de los cuales no tenían nada que ver con el color. Los egipcios, por ejemplo, usaban el alumbre con el fin de preparar telas para que absorbieran tinte.
¿Se le daba al alumbre del Oasis de Dakhleh un uso general, o bien resultaría tener la misma "huella dactilar" química que la pintura azul pálido de la cerámica?
Para poder responder a esta pregunta, Jennifer Smith, profesora de ciencias de la Tierra y planetarias en la Universidad Washington en San Luis, Estados Unidos, precisaba tomar muestras del mineral de alumbre y analizar su composición exacta.
Dado que necesitaba obtener muestras de material lo más inalterado posible, Smith tuvo que adentrarse hasta el extremo de una galería. Eso la obligó a internarse en una zona peligrosa y muy estrecha. Tan estrecha que tuvo que tenderse en el suelo y avanzar arrastrándose boca abajo.
La geóloga sufrió incluso un percance al pincharse en el pecho contra el extremo puntiagudo de un largo hueso, que resultó ser de un animal, aunque al principio la valiente investigadora asumió que podía estar arrastrándose por encima de cadáveres humanos.
La arriesgada inspección se saldó finalmente con la obtención de muestras válidas, que Smith se trajo de regreso a su universidad, donde las sometió a diversos análisis mediante instrumental sofisticado.
Los resultados de los análisis llevados a cabo por Smith mostraron que el alumbre sí contenía cobalto, a pesar de que no era particularmente rico en este elemento. Sin embargo, el cobalto estaba acompañado por vestigios de manganeso, níquel y zinc, la misma mezcla de elementos encontrada en la pintura azul.
Sorprendida por la baja concentración de cobalto, Smith se preguntó si los antiguos artesanos no habrían descubierto acaso una forma de concentrarlo en un lugar. Una de las muestras que ella recolectó, un fragmento de corteza ubicada en el borde de un pozo de mina parcialmente inundado, tenía un contenido más alto de cobalto que las demás.
Dado que el sulfato se disuelve con facilidad, y teniendo en cuenta que todo apunta a que las minas estuvieron sometidas a inundaciones en el pasado, la geóloga se planteó que probablemente el cobalto no era extraído de modo directo de la roca, sino usando agua y recogiendo los sedimentos dejados por ésta al evaporarse.
Smith, Colin A. Hope (un experto en la cerámica pintada de azul), y Paul Kucera (Universidad de Monash en Australia), describen la cerámica, las minas y el mineral en un capítulo del nuevo libro "Beyond the Horizon: Studies in Egyptian Art, Archaeology and History in Honour of Barry J. Kemp".
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¿A MAYOR TAMAÑO CORPORAL, MAS TIEMPO COMIENDO? |
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Paleontología
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Lunes, 14 de Junio de 2010 10:11 |
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Parece haber una regla general básica sobre el tamaño corporal y la necesidad de comida: Cuanto más grande es un animal, más tiempo pasa comiendo. Esto significa que un elefante debe dedicar mucho tiempo diario a comer para poder satisfacer su enorme apetito. Tal como señala el profesor Martin Sander, de la Universidad de Bonn, esto nos lleva a uno de los muchos misterios existentes en torno al gigantismo de los dinosaurios. Algunas de estas bestias eran tan grandes que, si hacemos caso a la citada regla general básica, un día tendría que durar 30 horas para que los dinosaurios de mayor tamaño fueran capaces de satisfacer sus demandas energéticas.

Martin Sander es portavoz de un grupo de investigación internacional que busca explicaciones para ésta y otras paradojas, y que, por primera vez, ofrece una respuesta plausible a la pregunta que el grupo se propuso responder hace seis años: ¿Por qué los dinosaurios gigantes de cuello largo pudieron existir? Los investigadores también explican por qué los animales terrestres actuales están muy lejos de alcanzar los tamaños registrados durante el Jurásico. Una de las razones es que estos animales actuales mastican. En cambio, los dinosaurios gigantes engullían.
Masticar ayuda a digerir los alimentos con mayor rapidez. Pero es una acción que requiere tiempo, un recurso que escasea con el aumento de tamaño. Además, se da la siguiente circunstancia: Los animales que mastican necesitan una cabeza más grande, pues los molares y los músculos requieren espacio donde estar alojados. Por eso, los elefantes tienen una cabeza bastante grande.
Sin embargo, los dinosaurios herbívoros gigantes tenían cráneos relativamente pequeños y ligeros. Este rasgo les permitió desarrollar cuellos extremadamente largos. Y estos cuellos a su vez les ayudaron a ingerir alimentos de la forma más eficiente posible, sin tener que mover constantemente todo su cuerpo de 80 toneladas de un lado a otro de la sabana del Jurásico en busca de sus vegetales. Permanecían durante largos ratos detenidos en un mismo lugar y utilizaban su cuello ágil para buscar en su entorno y recolectar su comida. Esto era particularmente importante para los dinosaurios de mayor peso.
Probablemente, el proceso digestivo en sí duraba varios días en los dinosaurios gigantes, debido a la falta de molares. Sin embargo, su estómago era tan grande que pese a ser tan largas sus digestiones todavía les proporcionaba energía suficiente a cualquier hora del día o de la noche.
Por otra parte, el metabolismo de estos animales gigantes era muy poderoso. Poseían pulmones asombrosamente sofisticados, que eran mucho más eficaces que los de los humanos. Y poseían otras características que contribuían a aligerar el cuello.
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DUDAS SOBRE LA TEORIA DE QUE LA POBLACION AFRICANA REEMPLAZO EN SU EXODO A LAS EXISTENTES EN OTRAS P |
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Antropología
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Lunes, 14 de Junio de 2010 09:55 |
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El profesor Alan R. Templeton de la Universidad de Washington en San Luis, quien posee un doctorado en genética humana y un máster en estadística, ha determinado que un análisis genético publicado no hace mucho sobre la evolución del ADN humano es matemáticamente erróneo y formalmente ilógico.

Según Templeton, los defectos del análisis se deben a la incorrecta aplicación de un método estadístico conocido como cálculo bayesiano por aproximación, que llevó a Nelson J. R. Fagundes de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, en Porto Alegre, Brasil, y sus colegas, a apoyar, en un estudio de 2007, la validez de la controvertida hipótesis del reemplazo antiguo de poblaciones de fuera de África por los inmigrantes procedentes de ese continente.
Esta hipótesis, que ha sido objeto de acalorados debates, plantea que los seres humanos modernos surgieron en África miles de años atrás y reemplazaron a las poblaciones humanas ya existentes, quizá aniquilándolas. Templeton ya hizo en su día un análisis que discute este modelo, presentando como alternativa a éste una estrecha relación entre las diferentes poblaciones humanas, respaldando la hipótesis de la mezcla de genes o mestizaje genético.
Ahora, Templeton argumenta, entre otras cosas, que los dos modelos que Fagundes examinó, el modelo del reemplazo poblacional proveniente de África y el modelo de la asimilación, no son independientes uno del otro. El modelo del reemplazo es sólo un caso especial del modelo de asimilación en el que el mestizaje desciende hasta cero, y las probabilidades de que refleje lo que de verdad sucedió son muy inferiores a las inicialmente asumidas. Además, los cálculos otorgan claramente más probabilidades al modelo de la asimilación que al del reemplazo.
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LA DIFICIL INVESTIGACION SOBRE LA OXIGENACION DE LA ATMOSFERA ANTIGUA |
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Geología
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Lunes, 14 de Junio de 2010 10:15 |
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¿Cuándo exactamente apareció el oxígeno por primera vez en la atmósfera terrestre en cantidades significativas? Aunque se cree que son muchos los procesos físicos y químicos responsables de esa profunda transformación, unos científicos han tratado de responder al menos a una parte de esta pregunta, mediante la estrategia de buscar el origen de la fotosíntesis oxigénica (el proceso que usan los organismos para dividir el agua y fabricar oxígeno) en rocas de varios miles de millones de años de antigüedad.

Una forma de intentar determinar cuándo surgió ese proceso es mediante la búsqueda de vínculos biológicos entre el pasado lejano y el presente. En concreto, existe un creciente interés hacia las moléculas conocidas como biomarcadores, que son producidos por los organismos modernos y pueden ser rastreados hasta los orígenes de ciertos procesos biológicos, ya que se encuentran en rocas de 2.500 millones de años.
Un biomarcador ya había sido propuesto para tales investigaciones, debido a que se pensaba que esa sustancia era un buen marcador biológico, dado que ha sido encontrada en rocas antiguas y también se produce en el medio ambiente moderno por cianobacterias, que son bacterias productoras de oxígeno aposentadas en ambientes marinos poco profundos.
Pero resulta que esa sustancia podría no ser el mejor biomarcador para la fotosíntesis oxigénica, según la reciente investigación a cargo de expertos del MIT y del Caltech.
En el estudio, el grupo ha descubierto el gen y la proteína relacionada responsables de producir esa sustancia y sus variantes. Debido a que este ADN puede ser rastreado hasta bacterias que no producen oxígeno, dicha sustancia no se puede utilizar como un marcador biológico fiable para la fotosíntesis oxigénica.
Aunque los científicos todavía tienen un largo camino por recorrer antes de conocer los orígenes precisos de estas moléculas biomarcadoras, el descubrimiento de este ADN es crucial, porque ahora los científicos saben dónde buscar cuando empiezan a "llenar los huecos" sobre la etapa más temprana de la historia de la fotosíntesis oxigénica.
En el estudio han intervenido, entre otros, Roger Summons, Dianne K. Newman y Paula Welander, del MIT, y Alex Sessions, del Instituto Tecnológico de California (Caltech).
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EL ARDIPITHECUS RAMIDUS VIVIO EN LA SABANA, NO EN LA SELVA |
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Antropología
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Lunes, 14 de Junio de 2010 10:02 |
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El hábitat donde moró el homínido Ardipithecus ramidus, y que, según un estudio del año pasado, se caracterizaba por ser de bosque frondoso en el lugar de África donde la criatura vivió hace 4,4 millones de años, en realidad parece que fue el típico de la sabana. Así se desprende de los resultados de un nuevo estudio, realizado por el equipo del geoquímico Thure Cerling de la Universidad de Utah.
En el estudio del pasado año, el antropólogo Stanley Ambrose de la Universidad de Illinois analizó las proporciones de isótopos de carbono estables en el terreno donde se encontraron los huesos de 36 individuos Ardipithecus. También analizó los dientes de cinco Ardipithecus y 172 dientes de dos docenas de especies de mamíferos encontrados en la misma capa de tierra antigua.
Una de las supuestas evidencias que mostraban que el homínido habitaba en una zona boscosa, fue el resultado de esos análisis de los isótopos de carbono en el suelo y en los dientes del Ardipithecus y de otros animales que vivieron aproximadamente en el mismo momento y lugar.
Esto, otros indicios y los estudios anatómicos que indicaban que el Ardipithecus podía caminar erguido pero también se aferraba a las ramas de los árboles con sus pies, llevaron a la conclusión de que este arcaico homínido dio sus primeros pasos sobre dos piernas en la selva, mucho antes de que se aventurase a gran distancia dentro de la sabana abierta.
El nuevo estudio que contradice esas conclusiones, llevado a cabo por ocho geólogos y antropólogos de siete universidades, es importante debido a que la conclusión del estudio anterior de que el Ardipithecus ramidus moró hace 4,4 millones de años en la selva y en parcelas boscosas fue usada como un argumento contra una teoría de la evolución humana muy aceptada desde hace tiempo.
Esa teoría atacada es la que sostiene que conforme fueron expandiéndose las sabanas, esas conocidas llanuras dominadas por la hierba y complementadas con algunos árboles y arbustos, los ancestros simiescos de los humanos se vieron más incentivados a bajar de los árboles y empezar a caminar erguidos para así poder encontrar comida de un modo más eficiente o desplazarse hasta árboles lejanos en busca de refugio o de recursos varios.
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INDAGANDO SOBRE EL PASADO REMOTO A PARTIR DE FOSILES MICROBIANOS |
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Biología
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Lunes, 14 de Junio de 2010 09:51 |
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Una de las maneras que tienen los geobiólogos de intentar averiguar detalles sobre las células de hace tres mil millones de años es a través del estudio de las colonias microbianas con forma de alfombrilla, esas capas pegajosas de bacterias que crecen sobre todo en las superficies húmedas, y que van acumulando suciedad y minerales que se cristalizan con el paso del tiempo. A la larga, las bacterias se petrifican justo debajo del material cristalizado, y de esta forma registran su historia dentro de los esqueletos cristalinos. Conocidas como estromatolitos, estas formaciones rocosas en capas se consideran los fósiles más antiguos de la Tierra.
Descifrar las pocas pistas acerca de esta antigua vida bacteriana que aparecen en estas rocas casi siempre mal conservadas ha sido siempre una tarea difícil. Pero quizás ahora resulte más fácil, gracias a que unos investigadores de la Academia Rusa de Ciencias y del departamento de ciencias terrestres, atmosféricas y planetarias del MIT (Estados Unidos) han encontrado una manera de obtener nueva información sobre los fósiles. En concreto, han vinculado la fotosíntesis al espaciado uniforme entre los miles de pequeños conos que salpican la superficie de las "alfombras" microbianas generadoras de los estromatolitos, un patrón que también aparece en los estromatolitos que tienen 2.800 millones de años.
El autor principal de la investigación, Alexander Petroff, así como sus colaboradores, entre ellos Daniel Rothman y Tanja Bosak, sugieren que el espaciado característico entre los conos vecinos que aparece en las alfombras microbianas actuales y los estromatolitos cónicos que forman, es el resultado de la competición diaria por los nutrientes entre colonias vecinas.
Hasta ahora, nadie había explorado el espaciado que aparece entre los diminutos conos existentes en las alfombras microbianas y los estromatolitos cónicos formados en las aguas termales del Parque Nacional de Yellowstone, y en otros lugares del mundo.
Además de ayudar a los científicos a establecer una fecha más precisa de cuándo comenzó la fotosíntesis, la investigación aporta una nueva técnica para la interpretación de los patrones presentes en estos fósiles antiguos. Por ejemplo, mediante el análisis de la longitud de los patrones triangulares existentes en un estromatolito antiguo, los geólogos pueden inferir más detalles sobre el entorno en el que la alfombra microbiana vivió, incluyendo si lo hizo en aguas tranquilas o bien turbulentas.
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