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EL CALENTAMIENTO GLOBAL ANTROPOGENICO PUDO COMENZAR CON LOS CAZADORES HUMANOS DE MAMUTS |
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Jueves, 29 de Julio de 2010 08:25 |
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Antes incluso de que surgiera la agricultura, el ser humano pudo comenzar ya a provocar el calentamiento global del planeta, según sugieren los resultados de un nuevo estudio.
Los mamuts solían vagar por terrenos de lo que hoy son Rusia y América del Norte, pero ahora están extintos, y hay evidencias de que hace cerca de 15.000 años los cazadores humanos fueron una causa importante de su desaparición. La reciente investigación apunta ahora a que la extinción de los mamuts tuvo el efecto indirecto de calentar un poco el planeta.
Chris Doughty, Adam Wolf, y Chris Field, del Instituto Carnegie de Ciencia en Stanford, proponen un escenario para explicar cómo los cazadores pudieron promover el calentamiento global.
Primero, las poblaciones de mamuts empezaron a disminuir, debido tanto al cambio natural del clima que se manifestaba a medida que el planeta salía de la última edad de hielo, como debido a la caza ejercida por los humanos. De no ser por esa caída inexorable de la población de mamuts, ésta habría pastado por sus áreas de distribución geográfica, de un modo lo bastante intenso como para impedir la proliferación de abedules, no permitiendo que estas áreas dejaran de ser prados. Pero con la desaparición de los mamuts, los abedules lograron extenderse. Sometidos al clima frío del norte, estos árboles debían ser enanos, con apenas de 2 metros de altura, pero aún así obtuvieron un predominio decisivo.
Esos árboles cambiaron el color mayoritario del paisaje, haciéndolo mucho más oscuro, y absorbiendo de este modo más calor del Sol, lo que a su vez calentó el aire. Este proceso habría reforzado el cambio climático natural, haciendo más difícil que los mamuts se adaptaran, y permitiendo a su vez que los abedules se extendieran aún más.
Los autores del estudio estiman que sólo una porción, aproximadamente la cuarta parte, de la extensión alcanzada por los bosques de abedules, fue causada por la extinción de los mamuts. La variación natural del clima fue responsable de las otras tres cuartas partes. Esto sugiere que cuando los cazadores contribuyeron a extinguir al mamut, causaron también una parte del calentamiento global registrado.
En investigaciones anteriores, se llegó a la conclusión de que la agricultura, al conllevar la tala o quema de bosques, comenzó a cambiar el clima desde los primeros asentamientos agrícolas, hace unos 8.000 años, y que la introducción del cultivo del arroz hace cerca de 5.000 años también constituyó la entrada en escena de un factor importante de calentamiento.
El nuevo estudio y esos otros anteriores sugieren que la Era Antropocena, un término usado por algunos científicos para referirse a la edad geológica iniciada cuando la humanidad empezó a modificar todo el planeta incluyendo la atmósfera, comenzó varios milenios atrás, no con la Revolución Industrial como suele considerarse.
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LA SUPERGLACIACION CULPABLE DE LA "TIERRA BOLA DE NIEVE" ALTERO GRANDEMENTE EL CICLO DEL CARBONO |
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Jueves, 03 de Junio de 2010 09:13 |
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Para tener una idea clara de lo que puede pasar cuando se altera el ciclo del carbono en el planeta, algo que es a la vez causa y consecuencia del cambio climático, los científicos pueden estudiar un fenómeno acaecido hace alrededor de 720 millones de años.

Los nuevos datos aportados por un equipo de geólogos dirigidos desde la Universidad de Princeton sugieren que una superglaciación conocida popularmente como "Tierra Bola de Nieve", que pudo haber cubierto los continentes y océanos con una espesa capa de hielo, produjo un cambio drástico en el ciclo del carbono. Este cambio pudo, a su vez, haber propiciado las eras glaciales que siguieron a continuación.
Los resultados de la nueva investigación de Nicholas Swanson-Hysell, Adam Maloof y sus colaboradores documentan un cambio grande y peculiar en el ciclo del carbono, tal como indican los análisis de las muestras obtenidas de sedimentos tropicales antiguos.
Determinar las causas y efectos del cambio extremo en la circulación del carbono a través de los océanos, la biosfera y la atmósfera, es importante para tener una idea más clara sobre cuánto puede cambiar el clima terrestre y cómo responde el planeta a tales perturbaciones. Ese cambio antiguo en el ciclo de carbono fue de una magnitud mayor que la de cualquier otro cambio de esa clase del que se tenga conocimiento en la historia de la Tierra.
Los investigadores también presentan una hipótesis para explicar cómo los cambios en la superficie de la Tierra asociados a los glaciares de la Era Neoproterozoica pudieron crear la anomalía observada en el ciclo del carbono.
La Era Neoproterozoica, que se extendió desde hace 1.000 millones de años hasta hace 542 millones, fue el período en la historia de la Tierra en que la cantidad de oxígeno se elevó hasta niveles que permitieron la evolución de los animales. Por tanto, conocer a fondo los cambios en el ciclo del carbono resulta muy importante.
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LA CATASTROFE DE NORTEAMERICA HACE TRECE MIL AÑOS LA CAUSO UNA LLUVIA DE FRAGMENTOS DE COMETA |
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Lunes, 17 de Mayo de 2010 09:19 |
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Hace 13.000 años, la Tierra fue golpeada por miles de fragmentos cometarios durante una hora, provocando una catástrofe del tipo de la sufrida por la zona de Tunguska en 1908, pero a una escala mucho mayor, que incluyó un enfriamiento notable del planeta. Ésta es la conclusión a la que se ha llegado en un nuevo estudio.

El enfriamiento, de 8 grados Celsius, interrumpió el calentamiento que estaba teniendo lugar al final de la última era glaciar y provocó que se reanudase el avance de los glaciares.
Han sido halladas diversas evidencias de que este abrupto cambio climático estuvo asociado con algún evento extraterrestre extraordinario. La frontera entre el antes y el después de la catástrofe aparece marcada entre las capas geológicas como una capa negra de unos pocos centímetros de grosor, presente en muchos lugares a lo largo y ancho de Estados Unidos.
Esta capa contiene altos niveles de hollín que indican vastos incendios por numerosas partes de Norteamérica. También incluye diamantes microscópicos (nanodiamantes) hexagonales que se producen bajo condiciones extremas y que se encuentran tan sólo en meteoritos o cráteres de impactos meteoríticos.
Estos hallazgos condujeron a la idea de que los cambios catastróficos acaecidos en esa época fueron provocados por el impacto de un asteroide o cometa de 4 kilómetros contra la Capa de Hielo de Lauréntida, la cual en aquel entonces cubría lo que se sería Canadá y la parte norte de Estados Unidos.
El enfriamiento duró más de mil años, y su comienzo coincide con la rápida extinción de 35 géneros de mamíferos de América del Norte, así como un brusco cese de la cultura paleoindia. La objeción fundamental a la idea de un impacto enorme es que las probabilidades de que la Tierra haya sido golpeada por un asteroide de ese tamaño hace sólo 13.000 años son de mil contra una. Y el calor generado por la bola de fuego ascendente estaría limitado por la curvatura del horizonte y no podría explicar el surgimiento de incendios en lugares de casi toda América del Norte.
El astrónomo Bill Napier, del Centro de Astrobiología de la Universidad de Cardiff, ha concebido ahora un modelo astronómico que explica los aspectos más importantes de la catástrofe sin tener que recurrir a que se produjera ese gran impacto tan improbable. Según su modelo, la Tierra chocó contra una estela densa de material proveniente de un gran cometa en proceso de fragmentación. Napier se remite a las evidencias convincentes de que tal cometa entró en el sistema solar interior hace entre 20.000 y 30.000 años y que comenzó a fragmentarse entonces.
El nuevo modelo indica que tal encuentro entre la Tierra y la estela de bloques cometarios pudo durar aproximadamente una hora, durante la cual la Tierra recibió miles de impactos, liberando cada uno la energía de una bomba nuclear del orden del megatón. Ese bombardeo generó los extensos incendios que se desencadenaron entonces. La presencia de los nanodiamantes en la capa geológica correspondiente a la época de la extinción quedaría pues explicada si se acepta que vinieron con el enjambre de bloques cometarios.
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RATIFICADA LA CORRELACION ENTRE LAS ERAS GLACIALES Y EL CICLO ASTRONOMICO DE LA TIERRA |
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Viernes, 14 de Mayo de 2010 09:21 |
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En un análisis sobre los últimos 1,2 millones de años, la geóloga Lorraine Lisiecki de la Universidad de California en Santa Bárbara ha descubierto un patrón que conecta los cambios regulares del ciclo orbital de la Tierra a los cambios en el clima terrestre.

Lisiecki realizó su análisis climático mediante el examen de núcleos sedimentarios oceánicos. Estos núcleos fueron recolectados en 57 puntos diferentes del mundo. Analizando los sedimentos, los científicos pueden reconstruir el clima de los últimos millones de años. La contribución de Lisiecki es la conexión del registro climático con el ciclo orbital del planeta.
Se sabe que la órbita de la Tierra alrededor del Sol cambia de forma cada 100.000 años. La órbita se torna más circular o más elíptica, es decir que su excentricidad varía. Un aspecto relacionado es el ciclo de 41.000 años que describe la inclinación del eje de la Tierra.
Las glaciaciones también han acaecido cada 100.000 años. Lisiecki ha comprobado que la secuencia cronológica de los cambios en el clima y la de los cambios en la excentricidad coinciden. Tal como señala Lisiecki, la correlación entre el ciclo orbital y el climático es una fuerte evidencia de un vínculo entre los dos. Es poco probable que ambos fenómenos no estén relacionados entre sí.
Además de constatar la relación entre el cambio de la excentricidad orbital y el establecimiento de los períodos de glaciación, Lisiecki ha encontrado una correlación sorprendente. Ha descubierto que los ciclos glaciales más grandes se produjeron durante los cambios más débiles en la excentricidad de la órbita terrestre. Y que los cambios más fuertes en la órbita coincidieron con cambios más débiles en el clima. Esto podría significar que el clima de nuestro mundo tiene una inestabilidad interna además de sensibilidad a los cambios orbitales.
La conclusión de Lisiecki es que en el patrón de cambios climáticos naturales del último millón de años probablemente intervienen interacciones complejas entre las diferentes partes del sistema climático, así como tres tipos de movimiento de la Tierra. Los primeros dos tipos son la inclinación y la excentricidad de la órbita. La tercera es la precesión, o el cambio en la orientación del eje de rotación.
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LA TIERRA PRIMITIVA ABSORBIA MAS LUZ SOLAR SIN LA EXISTENCIA DE EFECTO INVERNADERO |
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Jueves, 06 de Mayo de 2010 15:33 |
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Hace casi cuatro mil millones de años, nuestro Sol irradiaba sólo de un 70 a un 75 por ciento de la energía que emite hoy. En la Tierra, otras cosas eran iguales a como lo son hoy, de modo que con una energía tan pequeña alcanzando la superficie del planeta, toda el agua en la superficie debería haber estado congelada. Sin embargo, las rocas antiguas presentan claras evidencias de que la Tierra arcaica estaba bañada en agua líquida; había todo un océano planetario lleno de ella. Así que forzosamente algo tuvo que compensar la reducida radiación solar, manteniendo líquida el agua del planeta.
 Para explicar esta aparente paradoja, una teoría popular afirma que debía haber concentraciones más altas de gases de efecto invernadero en la atmósfera, muy probablemente dióxido de carbono, una situación que habría ayudado a retener una proporción mayor de la energía solar que llegaba a la Tierra.
Ahora, sin embargo, un equipo integrado por Minik Rosing del Museo de Historia Natural de Dinamarca, Christian Bjerrum de la Universidad de Copenhague, y Dennis Bird y Norman Sleep, ambos de la Universidad de Stanford, ha analizado el contenido mineral de rocas marinas de 3.800 millones de años de antigüedad en Groenlandia, y ha llegado a una conclusión diferente sobre la abundancia del CO2 en aquella época.
No hay ninguna evidencia geológica en estas rocas que confirme la existencia en aquella época de concentraciones muy altas de algún gas de efecto invernadero como el dióxido de carbono.
En cambio, el equipo propone la teoría de que el inmenso océano global de la Tierra arcaica absorbía la energía solar incidente en un porcentaje mayor que el de los océanos de hoy en día, lo suficiente para evitar un planeta helado. Como las primeras masas de tierra que se formaron en el mundo eran pequeñas, meras islas en el océano planetario, el agua cubría una porción de superficie mucho mayor que la que cubre ahora. Los mares son más oscuros que los continentes, y esa diferencia era aún más notable antes de que los vegetales cubrieran las masas de tierra. Por tanto, gracias a la gran superficie ocupada por el agua, la Tierra absorbía más luz solar.
Otro punto clave de la nueva teoría radica en las nubes. No todas las nubes son iguales. Las existentes en aquella época dejaban pasar mucho mejor la energía solar.
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