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EL IMPACTO DE UN ASTEROIDE ACABO CON LOS DINOSAURIOS PDF Imprimir E-mail
Viernes, 19 de Marzo de 2010 10:33

Un equipo internacional de 41 científicos, en el que participa la Universidad de Zaragoza (UNIZAR), confirma que la extinción masiva producida hace 65,5 millones de años, que acabó con la era de los dinosaurios, fue provocada por el impacto de un asteroide de 12 kilómetros de diámetro en la Península de Yucatán (México). El estudio aporta nuevas evidencias geológicas que fortalecen esta hipótesis.

En los años ’80 se realizaron los primeros estudios sobre la hipótesis de que un meteorito de grandes dimensiones se había estrellado contra la Tierra hace 65 millones de años, y había afectado a cerca del 70% de las especies animales y vegetales del planeta. En 1991 se descubría en Yucatán (México) el cráter de Chicxulub de más de 200 kilómetros de diámetro que coincidía con las extinciones. A pesar de las evidencias científicas, algunos sectores de la comunidad científica cuestionaban esta hipótesis del asteroide.

 Para confirmarla, un grupo de 41 expertos de Europa, EE UU, México, Canadá y Japón presentan en el último número de la revista Science nuevos datos a partir del estudio de las perforaciones submarinas y de sitios continentales, así como del análisis de la literatura científica sobre el tema. Según los investigadores, las hipótesis alternativas no explican la abrupta extinción en masa.

 “Tras combinar todos los datos disponibles a partir de diferentes disciplinas científicas, hemos concluido que un asteroide de gran tamaño que colisionó hace más de 65 millones de años en lo que es hoy México fue el principal causante de las extinciones en masa”, confirma Peter Schulte, autor principal del estudio y profesor adjunto en la Universidad de Erlangen (Alemania).

 El registro fósil ha demostrado que un evento de extinción en masa, denominado límite K-T, tuvo lugar a lo largo y ancho del planeta hace unos 65,5 millones de años. Los geólogos lo utilizan para marcar el fin del periodo Cretácico y el inicio del periodo Paleógeno (antes conocido como el periodo Terciario).

 Los tres investigadores de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR) que han participado en este estudio son Laia Alegret, Ignacio Arenillas y José Antonio Arz, especialistas en el estudio de fósiles microscópicos (los foraminíferos) que ayudan a datar las rocas sedimentarias marinas que los contienen y a conocer sus ambientes de depósito. Los tres científicos han contribuido a la datación de las unidades sedimentarias relacionadas con el impacto meteorítico en el Golfo de México y el Caribe.

 “Nuestra investigación se ha centrado en cuatro líneas: la datación precisa de los sedimentos ligados al impacto de Chicxulub y su correlación con el límite K-T; la intensidad y velocidad de las extinciones en torno al límite K-T (es decir, si la extinción fue catastrófica o gradual); la caracterización ambiental de los depósitos generados por el impacto de Chicxulub; y los bruscos cambios ambientales y climáticos que condicionaron la posterior radiación evolutiva de nuevas especies”, explica a SINC Ignacio Arenillas, uno de los autores españoles e investigador en el Departamento de Ciencias de la Tierra (Paleontología) de la UNIZAR.

 Para corroborar la teoría impactista, la investigación española recogió resultados obtenidos en Europa, Sudamérica, el norte de África y en diversos sondeos oceánicos, desde la respuesta de las comunidades marinas a los cambios ambientales desencadenados, incluyendo la intensidad de las extinciones, hasta la radiación evolutiva posterior de nuevas especies.

 “El estudio de los foraminíferos nos ha permitido correlacionar el impacto de Chicxulub y la extinción en masa del límite K-T. Además, hemos corroborado que su extinción fue catastrófica, es decir, acontecida en un intervalo de tiempo geológicamente instantáneo, y que por tanto sólo es explicable por la teoría impactista”, señala Arenillas.

 Según los científicos españoles, la extinción se produjo “bruscamente” en un intervalo de tiempo 'geológicamente instantáneo' (en menos de uno o dos años). “Los principales cambios ambientales y climáticos, así como las radiaciones evolutivas, se produjeron tras el impacto meteorítico en el límite K-T y no antes, como sugerían algunas de las hipótesis rivales”, afirma el paleontólogo.

 Ante la complejidad de demostrar los datos, Alegret, Arenillas y Arz confiesan que se encontraron con ciertos obstáculos como la adecuada interpretación de los datos geológicos y paleontológicos: “Había discrepancias de interpretación entre los partidarios de ambas hipótesis en torno a la naturaleza de los sedimentos ligados al impacto de Chicxulub en el Golfo de México, a su edad y, sobre todo, a la velocidad de las extinciones”.

 Los tres micropaleontólogos españoles señalan que aportar evidencias “inequívocas” y datos clave que confirmaran definitivamente la teoría impactista fue “la labor más difícil”.

 A lo largo de la historia la comunidad científica ha propuesto muchas hipótesis que han intentado explicar el evento de la extinción masiva. “La que más eco ha tenido es la de las causas múltiples, que no negaba la existencia de impactos meteoríticos o de otros factores de extinción (por ejemplo, descensos del nivel del mar), y proponía como principal causa el incremento de la actividad volcánica en el área del Deccan (en la actual India), hacia finales del Cretácico”, apunta Arenillas. La hipótesis del impacto de Chicxulub quedaba en un segundo puesto, ya que sugería que habría ocurrido hace 300.000 años antes de la extinción del límite K-T.

 Según la hipótesis de causas múltiples, las Trampas de Deccan (volcanes inusualmente activos) provocaron un enfriamiento global y una lluvia ácida, principales causantes de la extinción en masa, y no el impacto de un gran meteorito en Chicxulub (México).

 Sin embargo, para el equipo internacional esta teoría no es viable. La caracterización ambiental de los sedimentos producidos por el impacto en Chicxulub ha permitido demostrar que algunos mecanismos propuestos por la hipótesis multicausal, como el descenso de 1.000 metros en el nivel del mar en un corto espacio de tiempo, son "técnicamente imposibles”, asegura el paleontólogo.

 Los modelos sugieren que el impacto en Chicxulub desató una energía un millón de veces superior a la de la mayor bomba nuclear jamás detonada. Un impacto de esta dimensión habría eyectado material a altas velocidades por todo el mundo y provocado terremotos superiores a 10 en la escala Richter, así como el colapso de plataformas continentales, deslizamientos de tierra, corrimientos, movimientos en masa y tsunamis. También habría creado una secuencia de depósitos gruesa y compleja cerca de Chicxulub.

 “Si pretendemos desentrañar la secuencia de eventos en torno al límite K-T, quizás el último lugar del mundo en el que deberíamos buscar sea cerca del sitio del impacto en Chicxulub, pues es allí donde más desordenados están los depósitos de sedimentos”, declaran los investigadores estadounidenses.

 Los científicos han descubierto que, a pesar de la evidencia de un volcanismo "relativamente activo" en India, los ecosistemas marinos y terrestres sólo han exhibido cambios menores durante el periodo de 500.000 años anterior al límite K-T. En el preciso momento en que se alcanza el límite, se produjo una abrupta e importante disminución en la productividad (una medida de la masa total de los seres vivos) y la diversidad de especies.

 Además, lejos de Chicxulub, el registro geológico muestra que un único meteorito de gran tamaño impactó contra la Tierra justo en el límite K-T. Todos los cambios notables en los ecosistemas de la Tierra se produjeron justo en ese límite. Así que el impacto de un gran asteroide contra los sedimentos ricos en azufre presentes en Chicxulub sigue siendo la causa más plausible de la extinción en masa en el límite K-T.

 Según Sean Gulick y Gail Christeson, investigadores en el Instituto de Austin de Geofísicas de la Universidad de Texas (EE UU), el asteroide habría aterrizado a más profundidad en el agua de lo que se pensaba hasta el momento, liberando más vapor de agua y aerosoles sulfúricos a la atmósfera.

 “Esto podría haber incrementado la letalidad del impacto de dos formas: alterando el clima (los aerosoles sulfúricos en la capa atmosférica superior pueden ejercer un efecto de enfriamiento) y provocando una lluvia ácida (el vapor de agua puede facilitar la liberación de los aerosoles sulfúricos de la capa atmosférica inferior)”, asevera Gulick. (SINC)

 
VETAS DE CARBONATO DE CALCIO PARA DESVELAR LA QUIMICA DEL AGUA MARINA ANTIGUA PDF Imprimir E-mail
Lunes, 15 de Marzo de 2010 17:54

La composición química de los océanos no es constante, sino que ha variado considerablemente durante el tiempo geológico. En un nuevo estudio se describe un novedoso método para reconstruir la química oceánica del pasado usando vetas de carbonato de calcio que se precipitan de fluidos derivados del agua marina en rocas bajo el fondo oceánico.


La investigación ha sido dirigida por científicos de la Escuela de Ciencias del Océano y la Tierra (SOES) de la Universidad de Southampton, ubicada en el Centro Nacional de Oceanografía en Southampton (NOCS).

 Los registros de la química del agua marina antigua permiten a los expertos descubrir cambios pasados en el clima, la tectónica de placas y la evolución de la vida en los océanos. Estos procesos afectan a la química marítima y han dado forma a nuestro planeta durante millones de años.

 Reconstruir la química oceánica antigua todavía es un reto difícil para los investigadores en ciencias de la Tierra, y las pequeñas vetas de carbonato de calcio formadas por la reacción del agua marina cálida con basaltos de la corteza oceánica proporcionan una oportunidad única para enriquecer tales registros.

 Las vetas de carbonato de calcio registran la evolución química del agua marina a medida que ésta fluye a través de la corteza oceánica y reacciona con la roca. Consecuentemente, se puede determinar la composición del agua marina antigua mediante conjuntos de vetas de carbonato de calcio que se precipitaron hace millones de años en la antigua corteza oceánica.

 Los investigadores reconstruyeron registros de las proporciones del estroncio con respecto al calcio (Sr/Ca), y las del magnesio con respecto al calcio (Mg/Ca) durante los últimos 170 millones de años. Para conseguir hacer esto, analizaron las vetas de carbonato de calcio en rocas basálticas recolectadas durante varias décadas de perforaciones científicas en las profundidades oceánicas.

 Las vetas de carbonato indican que hace aproximadamente 25 millones de años las proporciones de Sr/Ca y Mg/Ca del agua marina fueron considerablemente menores que las actuales. Los investigadores atribuyen el incremento de las proporciones a los efectos a largo plazo de un menor vulcanismo en el fondo oceánico, y la reducción consecuente del intercambio químico entre el agua marina y la corteza oceánica.

 En el estudio han intervenido Rosalind Coggon, anteriormente del NOCS y ahora en el Imperial College de Londres, y Damon Teagle de la SOES.

Scitech News

 
POSIBLE METODO PARA DETECTAR ANTIGUOS IMPACTOS DE COMETAS CONTRA LA TIERRA PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 10 de Febrero de 2010 16:11

Una investigación realizada por Adrian Melott, profesor de física y astronomía en la Universidad de Kansas, y sus colaboradores, revela un nuevo y prometedor método para detectar impactos de cometas sobre la Tierra en el pasado y medir su frecuencia.

La investigación muestra que se puede encontrar una señal distintiva de nitrato y amoníaco en núcleos de hielo relacionados con supuestos impactos. Aunque anteriormente los niveles altos de nitrato ya se habían vinculado con impactos espaciales, nunca antes los científicos habían visto los aumentos de amoníaco atmosférico como indicadores de tales impactos.

 Melott estudió dos posibles explosiones atmosféricas cometarias junto con Brian Thomas (Universidad Washburn), Gisela Dreschhoff y Carey Johnson (ambos de la Universidad de Kansas).

 En Junio de 1908, una enigmática explosión sacudió Siberia central, en Rusia; la catástrofe se llegó a conocer internacionalmente como el "Evento de Tunguska". Una expedición tiempo después descubrió que, en kilómetros a la redonda del epicentro de la explosión, los árboles habían sido derribados y quemados por el estallido. Hoy, los científicos comparten mayoritariamente la idea de que la devastación de Tunguska fue causada por un objeto celeste (de tipo cometario o asteroidal) que entró en la atmósfera de la Tierra, provocando una explosión en el aire.

 Unos 13.000 años antes, un suceso considerado por algunos investigadores como un impacto extraterrestre provocó el inicio de una pequeña era glacial y extinciones a gran escala en Norteamérica. El "Evento de Younger Dryas", como se le conoce, coincidió con el final de la cultura Clovis.

 Melott y otros investigadores examinaron datos provenientes de núcleos de hielo extraídos en Groenlandia para comparar la química de la atmósfera durante los eventos de Tunguska y Younger Dryas. En ambos casos, el grupo de Melott encontró pruebas de que el proceso de Haber-Bosch (por el cual una reacción de fijación de nitrógeno produce amoníaco) pudo haber ocurrido a gran escala.

 Un cometa que entra en la atmósfera provoca una gran onda de choque de alta presión; 6.000 veces la presión del aire. Bajo tales condiciones, es posible la generación de amoníaco. Además, el cometa de Tunguska, o algunos fragmentos de él, aterrizaron en un pantano; y el objeto de Younger Dryas presumiblemente golpeó una capa de hielo, o al menos parte de éste lo hizo. De modo que en ambos casos debió haber bastante agua para que se produjera el proceso de Haber-Bosch.

 Los autores del nuevo estudio piensan que la manera más simple de explicar la señal de amoníaco característica en los impactos de ambos objetos es el proceso Haber-Bosch. Los cometas se hunden en la atmósfera en presencia de bastante agua y se obtiene nitrato y amoníaco, que es lo que muestran ambos núcleos de hielo.

Scitech News

 
ORIGEN EXTRATERRESTRE DE LA ATMOSFERA Y LOS OCEANOS DE LA TIERRA PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 13 de Enero de 2010 10:12

Los gases a partir de los cuales se formó la atmósfera de la Tierra, y probablemente sus océanos, no surgieron del interior de la Tierra sino del espacio exterior, según un estudio a cargo de científicos de la Universidad de Manchester y de la Universidad de Houston.

Según el equipo, la idea tradicional de que los volcanes fueron la fuente de la atmósfera primaria de la Tierra es errónea. Los gases en cuestión, pese a que ahora sean expulsados por volcanes desde el interior de la Tierra, en su mayor parte no formaron parte de la atmósfera terrestre inicialmente, sino que fueron traídos tiempo después por cuerpos celestes, mayormente de tipo cometario, que impactaron contra el planeta.

 Usando técnicas analíticas sofisticadas, el equipo de Greg Holland, Martin Cassidy y Chris Ballentine realizó pruebas a los gases volcánicos para obtener evidencias sobre el origen de la atmósfera.

 Ellos encontraron una firma evidente de origen meteorítico en los gases volcánicos. Eso implica que los gases volcánicos de origen no meteorítico no pudieron contribuir de manera significativa a establecer la atmósfera de la Tierra. Por ende, la mayor parte de la atmósfera y del mar se formaron a partir de materiales extraterrestres, posiblemente traídos a la Tierra por un bombardeo meteorítico a gran escala, dominado por objetos celestes de tipo cometario, ricos en agua y en ciertos gases.

 Hasta el momento, nadie había tenido instrumentos capaces de registrar estas sutiles señales en las muestras del interior de la Tierra, pero ahora los autores del nuevo estudio pueden hacerlo.

 Estas técnicas les han permitido medir cantidades diminutas de los gases traza criptón y xenón, poco o nada reactivos. El análisis revela una "huella dactilar" isotópica que concuerda con la de los meteoritos, y que difiere de la de los gases "solares".

 El estudio es el primero en establecer la composición isotópica precisa del criptón presente en el manto de la Tierra.

Scitech News

 
NO HAY EVIDENCIAS CONVINCENTES DEL GRAN IMPACTO METEORITICO DE HACE 13.000 AÑOS PDF Imprimir E-mail
Lunes, 04 de Enero de 2010 17:32

Un equipo internacional de científicos encabezado por investigadores de la Universidad de Hawái en Manoa no ha podido encontrar evidencia alguna que atestigüe un impacto meteorítico en el inicio del periodo conocido como Younger Dryas, hace unos 13.000 años.


El Periodo Younger Dryas es un evento abrupto de enfriamiento que coincidió con la extinción de muchos mamíferos grandes, incluyendo al mamut lanudo. Este período es generalmente considerado como una consecuencia del complejo sistema climático global, posiblemente alterado por una reducción o retraso de la circulación termohalina en América del Norte.

 Tal teoría fue desafiada hace dos años por un grupo de investigadores que descubrió altas concentraciones de iridio en sedimentos terrestres que corresponden a este período de tiempo, lo que los llevó a teorizar que un gran impacto fue la causa de este cambio del clima.

 La idea de que una catástrofe de esta clase hubiera sido la causante de dicho enfriamiento era atractiva debido a algunos supuestos marcadores del impacto, sobre todo las elevadas concentraciones de iridio que esos investigadores señalaron. Sin embargo, les resulta difícil a los defensores de esta teoría explicar por qué no se ha encontrado cráter alguno dejado por ese impacto.

 Un equipo dirigido por François Paquay, de Departamento de Geología y Geofísica en la Universidad de Hawái en Manoa, decidió investigar también esta teoría, con la esperanza de poder agregar más evidencias a lo que ellos consideraron una teoría conceptualmente atractiva. Sin embargo, no sólo les fue imposible validar los resultados encontrados por los otros investigadores, sino que las evidencias adicionales no respaldan que hubiera un gran impacto meteorítico al comienzo del periodo Younger Dryas.

 En particular, una capa de material que se extiende por Norteamérica, y que está vinculada al cambio climático correspondiente a este periodo y registrado en núcleos de hielo de Groenlandia con una antigüedad estimada en 13.000 años según la datación mediante radiocarbono, resultaba muy convincente como señal del impacto meteorítico.

 Sin embargo, los análisis posteriores realizados por Paquay y sus colegas en otros marcadores de registros sedimentarios marinos y terrestres no indican que un impacto de esta naturaleza fuese el percutor de la transición al frío periodo Younger Dryas.

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