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AVE PREHISTORICA QUE USABA COMO MAZAS SUS ALAS |
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Miércoles, 02 de Febrero de 2011 08:52 |
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Un equipo de paleontólogos ha descubierto que el Xenicibis (un miembro de la familia del ibis), que existió hace unos diez mil años y que sólo ha sido hallado en Jamaica, probablemente utilizaba sus alas a modo de mazas, agitándolas y golpeando con los huesos de los gruesos "puños" de sus alas a sus enemigos.

Ningún animal ha evolucionado con un recurso armamentístico parecido a éste, tal como subraya Nicholas Longrich de la Universidad de Yale, quien dirigió la investigación. No se sabe de ninguna otra especie que use una parte de su cuerpo de este modo. Es el arma más especializada de cualquier ave que se haya visto hasta ahora.
Como parte del nuevo estudio, los investigadores, de la citada universidad y del Instituto Smithsoniano, analizaron una serie de esqueletos parciales de Xenicibis descubiertos recientemente, y comprobaron que las alas de este animal eran muy diferentes de todas las conocidas hasta hoy. "Cuando lo vi por primera vez, asumí que era una especie de deformidad ", confiesa Longrich.
El ave, del tamaño de un pollo grande, es anatómicamente similar a otros miembros de la familia del ibis, a excepción de las alas, que incluyen "manos" curvas y gruesas. Esta clase de estructura ósea no existe en ningún otro pájaro conocido. El Xenicibis también tenía alas más largas que la mayoría de las aves no voladoras. Ese fue el primer indicio que el equipo de Longrich tuvo de que las alas se utilizaban para algún fin.
El equipo de investigación ha descubierto que dos de los huesos de las alas analizadas muestran indicios de haber sido usados para luchar. Las fracturas son el elocuente testimonio de la tremenda fuerza que estas aves eran capaces de ejercer con sus alas especializadas.
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EL ECOSISTEMA DE LA TIERRA TARDO DIEZ MILLONES DE AÑOS PARA RECUPERARSE DE LA PEOR EXTINCION |
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Martes, 01 de Febrero de 2011 11:52 |
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Un nuevo e importante yacimiento paleontológico del sudoeste de la China ha rellenado una laguna de tamaño considerable en el conocimiento científico sobre cómo la vida de la Tierra se recobró de la extinción masiva más grande de todos los tiempos.

Hace unos 250 millones de años, al final del Periodo Pérmico, buena parte de la vida de la Tierra fue aniquilada durante una etapa prolongada de erupciones volcánicas masivas y un devastador calentamiento global. Sólo una de cada diez especies sobrevivió, formando la base para la recuperación de la vida en la época siguiente, el Periodo Triásico. El yacimiento paleontológico descubierto recientemente, y ubicado en Luoping, provincia de Yunnan, proporciona un nueva ventana al pasado con la que poder vislumbrar mejor cómo se desarrolló esa recuperación biológica, e indica que se necesitaron unos 10 millones de años para que se estableciera un ecosistema del todo funcional.
El yacimiento paleontológico de Luoping data de mediados del Triásico, y contiene uno de los más diversos registros fósiles marinos del mundo, como ha comprobado el equipo dirigido por científicos del Centro Geológico de Chengdu, China. En este equipo también ha participado Mike Benton, de la Escuela de Ciencias de la Tierra, de la Universidad de Bristol. En el yacimiento paleontológico se han encontrado hasta la fecha unos 20.000 fósiles de peces, reptiles, crustáceos y otras criaturas marinas.
La diversidad de los depredadores, en particular peces y reptiles, denota un ecosistema totalmente recuperado. Es una diversidad mucho mayor que la observada en el Triásico temprano, y está cercana a los niveles reinantes poco antes de la extinción.
Reforzando esta conclusión, está la complejidad de la red alimentaria, con la parte inferior de las cadenas alimentarias dominada por especies típicas de la fauna marina del Triásico tardío, como crustáceos, peces y bivalvos.
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MÁS AÑOS DE LACTANCIA EN LOS MAMUTS DE ZONAS FRIAS DURANTE EL PLEISTOCENO |
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Lunes, 24 de Enero de 2011 11:55 |
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Al parecer, según los resultados de una nueva investigación, las hembras de mamut lanudo que vivieron en la zona de Old Crow, en el Yukón, durante el Pleistoceno (aproximadamente entre 150.000 y 40.000 años atrás) comenzaban el destete de sus crías hasta tres años más tarde en comparación con las hembras del elefante africano actual, debido a las horas prolongadas de oscuridad.
Este patrón de crianza adaptado al entorno quizá contribuyó a la extinción de ese emblemático elefante prehistórico.
Al estudiar la composición química de los dientes de mamuts adultos y mamuts de muy corta edad, Jessica Metcalfe y Fred Longstaffe de la Universidad de Ontario Occidental, Canadá, han logrado determinar que los mamuts lanudos que en aquellos tiempos habitaban en la zona de Old Crow, en el Yukón, no comenzaban a comer plantas y otros alimentos sólidos antes de la edad de dos años (y tal vez incluso de tres) y consideran que la amenaza de los mamíferos depredadores, como el tigre dientes de sable, y la escasez de vegetación fueron las razones secundarias para el destete tardío.
En el África moderna, los leones pueden cazar crías de elefante, pero no a elefantes que ya hayan crecido lo suficiente. A los leones se les da bien cazar de noche porque están bien adaptados para ver con poca luz. En la zona de Old Crow, las horas de oscuridad pueden llegar a ser muchas, por lo que las crías de elefante son más vulnerables, y de ahí la conveniencia de que sean protegidas por las madres durante más tiempo, lo que incluye amamantarlas hasta más edad.
Los mamuts vivieron en muchas partes del mundo durante miles de años, incluso millones de años, y después se extinguieron, al finalizar la última era glacial, hace unos 10.000 años.
Conocer bien la ecología de los mamuts, sus adaptaciones y su comportamiento, no sólo aporta información útil para determinar con mayor precisión por qué se extinguieron, sino que también aporta datos útiles sobre algunas cuestiones ecológicas acerca de los mamíferos actuales y cómo estos podrían reaccionar al calentamiento actual del planeta.
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LA IMPORTANCIA DE LOS ROEDORES PARA RECONSTRUIR LA EVOLUCION DE LOS MAMIFEROS |
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Jueves, 20 de Enero de 2011 09:38 |
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Los roedores, sobre todo las ratas y los ratones, tienen mala fama por su capacidad de vivir en entornos humanos, acceder a alimentos en hogares, y poder transmitirnos enfermedades a causa de ese estrecho e indeseado contacto con nosotros. Sin embargo, tienen un gran valor científico, debido, entre otras cosas, a estar entre los mamíferos más comunes en África durante los últimos 50 millones de años.

Los roedores prosperaron en el África prehistórica desde los desiertos hasta las selvas tropicales, lo que los convirtió en una fuente de alimentos estable y abundante, tal como señala la paleontóloga Alisa J. Winkler, de la Universidad Metodista del sur, Estados Unidos, experta en fósiles de roedores y conejos. Ahora los fósiles de roedores están demostrando mejor que nunca su utilidad para los científicos, pues aportan datos vitales sobre la evolución humana, como queda bien reflejado en un nuevo estudio de Winkler y sus colegas Christiane Denys, del Museo Nacional de Historia Nacional de París, y D. Margaret Avery del Museo Iziko de Sudáfrica, en Ciudad del Cabo.
Los roedores constituyen el mayor orden de mamíferos vivos, y representan el 42 por ciento de toda la diversidad de los mamíferos en el mundo. Los datos obtenibles de los roedores pueden corroborar indicios aportados por fósiles de vegetales y animales, y hasta por la geología, sobre los antiguos entornos en los que vivieron nuestros antepasados humanos y otros mamíferos prehistóricos.
Además, los roedores existen desde bastante antes que los seres humanos y que los ancestros del Ser Humano en África. Los primeros roedores del norte de África datan de hace unos 50 millones de años. Hoy las familias de roedores africanos conocidas por los científicos ascienden a 14.
Fósiles de roedores también han sido hallados en otros yacimientos paleontológicos más antiguos del África Oriental.
En muchos de estos sitios, la identificación de los roedores proporciona información importante sobre la ecología local y sobre los cambios medioambientales a través del tiempo, como demuestra el nuevo estudio, en el que se ha pasado revista a las investigaciones científicas sobre el tema.
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